El pensamiento termoeconómico y político de Warwick Powell: economía, energía y el orden mundial en transición

 El pensamiento termoeconómico y político de Warwick Powell: economía, energía y el orden mundial en transición

Un ensayo comprehensivo sobre Thermoeconomics in a Time of Monsters


I. Introducción: el momento gramsciano y la urgencia teórica

La frase con la que Warwick Powell abre su obra principal proviene de Antonio Gramsci, quien la escribió desde la prisión fascista italiana en los primeros años de la década de 1930: "El viejo mundo se está muriendo, y el nuevo mundo lucha por nacer: ahora es el tiempo de los monstruos." Gramsci la empleó para describir el interregno histórico en que las viejas certezas políticas y culturales se habían derrumbado sin que emergiera aún un orden sustituto coherente. Casi un siglo después, esas palabras describen nuestro momento con precisión inquietante: el orden de la posguerra se está fracturando, las sanciones diseñadas para aislar a Rusia aceleraron la búsqueda de alternativas al sistema SWIFT y al dólar, la inteligencia artificial promete milagros mientras los centros de datos devoran electricidad a una escala que quita el sueño a los planificadores de redes eléctricas, y los precios de los activos flotan cada vez más alto sobre océanos de crédito mientras los salarios reales se estancan para muchos y la inversión productiva en Occidente lucha por mantener el ritmo. Substack

Powell es un pensador de formación ecléctica e inusual. Durante más de tres décadas ha vivido en la intersección de estas realidades: primero como estudiante de economía política marxista china, luego como asesor del gobierno de Queensland en Australia, más tarde construyendo sistemas de datos y modelos en la industria privada, y más recientemente desarrollando plataformas de cadenas de suministro habilitadas por blockchain en Asia y otras partes del sur global. Substack Esta trayectoria le otorgó algo que los teóricos puramente académicos raramente poseen: una comprensión visceral de cómo los flujos materiales, la información y el dinero se mueven realmente en el mundo. Lo que vio en ese recorrido lo convenció de que las explicaciones habituales —la geopolítica, la ideología, las personalidades o el "desacoplamiento"— se quedan en la superficie. La turbulencia que vivimos es fundamentalmente energética y termodinámica; está enraizada en la materialidad de nuestra existencia.

El libro que Powell publicó a mediados de marzo de 2026, Thermoeconomics in a Time of Monsters: Rethinking Theory, China and International Geopolitical Economy, es el resultado de ese largo proceso de maduración intelectual. No es, como él mismo advierte, una polémica sobre China ni un réquiem por el poder americano, aunque ambos casos son examinados con rigor. Es un intento de reconstruir la economía política sobre la única fundación que, a su juicio, importa en última instancia: las leyes de la termodinámica.


II. Los fundamentos termodinámicos: entropía, negentropía y el metabolismo social

La premisa central del marco teórico de Powell es deceptivamente simple pero de consecuencias enormes: todos los sistemas socioeconómicos son fundamentalmente energéticos y metabólicos. Su reproducción, estabilidad y resiliencia están perpetuamente amenazadas por la entropía —la tendencia natural hacia el desorden y la dispersión energética. Las sociedades exitosas no son las que evitan la entropía —eso es termodinámicamente imposible— sino las que la gestionan activamente mediante lo que Powell llama intervenciones neguentrópicas: renovación energética, ganancias de eficiencia y arreglos institucionales que convierten los excedentes de energía en orden sostenido.

¿Qué significa esto exactamente? En termodinámica, cualquier sistema abierto —y una economía nacional lo es— debe importar continuamente energía de baja entropía desde su entorno y expulsar calor y desechos de alta entropía hacia ese mismo entorno, o de lo contrario se degrada y colapsa. Una sociedad industrial es simplemente eso a mayor escala: un gigantesco proceso de transformación energética. La agricultura transforma la energía solar y los nutrientes del suelo en alimentos. Las fábricas transforman los combustibles fósiles o la electricidad en bienes. La logística transforma la energía en movimiento de mercancías. La información, lejos de ser inmaterial, requiere energía para ser producida, almacenada y transmitida. Cada transacción económica, cada acto de producción y consumo, es en última instancia un evento termodinámico.

Las economías modernas no son en primer lugar sistemas monetarios, ni siquiera sistemas de producción en abstracto. Son sistemas de transformación energética. La civilización industrial depende de flujos continuos de energía de alta densidad para sostener la producción, la logística, la agricultura y las vastas infraestructuras de la vida cotidiana. Durante más de un siglo, este sistema ha sido organizado alrededor de los hidrocarburos —petróleo y gas— como su fundamento energético dominante. Substack

Powell lleva esta premisa más allá de la mera descripción física para construir una teoría del valor y del cambio sistémico. Las tensiones geopolíticas pueden entenderse como expresiones de presiones estructurales más profundas dentro de lo que podría llamarse sistemas de valorización energética. Estos sistemas no simplemente asignan recursos; organizan las condiciones mismas bajo las cuales la actividad económica puede reproducirse a lo largo del tiempo. Substack

La novedad de la propuesta de Powell frente a otros enfoques ecológicos o biofísicos de la economía no reside solo en reconocer la dependencia energética de las sociedades —eso ya lo habían hecho Nicholas Georgescu-Roegen, Herman Daly y la corriente de la economía ecológica desde los años setenta— sino en articular de manera precisa cómo los fenómenos monetarios, financieros, informativos e institucionales pueden ser reinterpretados como fenómenos energéticos, y en desarrollar un aparato conceptual consistente para ese propósito: la teoría del Valor de Intercambio Sistémico (VIS, o SEV por sus siglas en inglés).


III. El Valor de Intercambio Sistémico (SEV): una teoría del valor fundada en la energía

El corazón teórico del pensamiento de Powell es el SEV (Systemic Exchange Value), su reformulación de la teoría del valor desde los fundamentos termodinámicos. El SEV restaura la distinción clásica entre valor de uso y valor de cambio, pero funda ambos en la energía en lugar del tiempo de trabajo o la utilidad subjetiva. El valor de uso es capacidad energético-material: la capacidad del trabajo, el capital fijo, los insumos intermedios y los bienes finales para transformar materia y energía. El valor de cambio es la reclamación sobre esas transformaciones futuras, expresada a través del dinero endógeno y los instrumentos financieros. Substack

Esta reformulación tiene consecuencias radicales para varias categorías económicas centrales.

Sobre el dinero: En la economía convencional, el dinero es con frecuencia tratado como un velo neutral sobre el intercambio real, o en versiones más sofisticadas como un instrumento de política exógeno manejado por los bancos centrales. En el marco SEV, el dinero no es un velo sobre el trueque. Es una reclamación endógena sobre el potencial energético futuro, creado cuando los bancos o el Estado extienden crédito para movilizar recursos hoy. Substack El dinero surge del proceso productivo como una anticipación de transformaciones energéticas que aún no han ocurrido. Cuando un banco otorga un préstamo a una empresa para construir una fábrica, está creando dinero nuevo que representa una apuesta sobre la capacidad de esa fábrica de transformar energía en valor de uso en el futuro. Esta comprensión endógena del dinero, que Powell comparte con economistas post-keynesianos como Minsky y con teóricos modernos como Steve Keen, adquiere en el marco SEV una dimensión termodinámica ausente en esos autores.

Sobre el capital ficticio: Marx introdujo el concepto de capital ficticio para referirse a los títulos financieros —acciones, bonos, derivados— que representan reclamaciones sobre valor futuro sin estar respaldados directamente por capital productivo real. Para la ortodoxia neoclásica, los mercados financieros simplemente asignan capital hacia sus usos más eficientes. Para muchos marxistas, el capital ficticio es una anomalía o patología del capitalismo tardío. Para Powell, el capital ficticio —deudas, derivados y en última instancia las burbujas de activos— no es un fallo moral sino una necesidad estructural en los sistemas monetarios de producción. Permite que la inversión preceda a la realización. Sin embargo, cuando las reclamaciones superan la capacidad del sistema para validarlas mediante una real transformación energética, sobreviene la inestabilidad. Substack

Esta es una de las ideas más originales de Powell: el capital ficticio no es un accidente o una desviación del capitalismo, sino una consecuencia lógica de un sistema monetario de producción. El problema surge cuando esas reclamaciones se desacoplan de manera persistente y creciente de la base material que debería validarlas. Ese desacople es siempre, en última instancia, un fenómeno termodinámico.

Sobre la información: Uno de los aportes más novedosos del SEV es su tratamiento de la información como artefacto energético. En el marco SEV, la información es una modalidad del valor de cambio que debe someterse a la contabilidad termodinámica. La información entra en los flujos sistémicos como un recurso potencialmente neguentrópico, pero su viabilidad depende de si la reproducción energética del sistema es mejorada o disminuida por su presencia. Substack

Powell distingue dos métricas para evaluar la información: el EROEI-p (la energía requerida para producir la información) y el EROEI-u (el potencial de utilidad que desencadena en términos neguentrópicos). La viabilidad de la información depende no de su entropía shannoneana abstracta, sino de si el costo energético de producirla supera el excedente energético o las ganancias de coordinación sistémica que posibilita. Substack La información viable —datos de sensores que optimizan el uso de energía, descubrimientos científicos que permiten captura energética más eficiente, información logística que reduce el desperdicio sistémico— es genuinamente neguentrópica. La información no viable —el trading de alta frecuencia, la proliferación de contenidos de redes sociales, las narrativas especulativas— consume energía mientras degrada la coordinación.

Esta perspectiva tiene implicaciones políticamente incómodas: los sistemas de información dominantes en las economías financierizadas contemporáneas —los mercados financieros de alta frecuencia, la economía de la atención digital— son desde el punto de vista termodinámico drenajes entrópicos masivos, sistemas que consumen enormes cantidades de energía para producir ruido que destruye coordinación en vez de crearla.

Sobre los precios: Siguiendo trabajos recientes de Galbraith y Chen, Powell propone que la estructura de precios de la economía mapea el paisaje subyacente de eficiencia energética: los bienes de alto EROEI son energéticamente abundantes y más baratos; los bienes de bajo EROEI son escasos y más caros. Substack Los precios no son meramente señales de escasez relativa en un mundo de recursos dados, como postula la economía neoclásica, sino expresiones de las condiciones energéticas bajo las cuales esos bienes son producidos y reproducidos.


IV. El EROEI como métrica pivotal: del concepto a la política

El concepto de EROEI (Energy Return on Energy Invested, o Retorno Energético sobre la Energía Invertida) ocupa un lugar central en el edificio teórico de Powell. Desarrollado originalmente por el ecólogo energético Charles Hall en los años ochenta, el EROEI mide cuánta energía útil se obtiene de un sistema de extracción o producción energética por cada unidad de energía que se invierte en ese proceso. Un EROEI de 20:1 significa que por cada unidad de energía invertida se obtienen 20 unidades; un EROEI de 2:1 significa que casi toda la energía producida se consume en el proceso de producción mismo, dejando poco margen para sostener la complejidad social.

El EROEI se convierte en la métrica pivotal de si una sociedad está ganando o perdiendo su lucha contra la entropía. Los primeros pozos de petróleo del siglo XX ofrecían EROEIs extraordinariamente altos —en algunos casos de 100:1 o más—. Hoy el panorama es diferente. Las reservas más accesibles han sido en gran medida agotadas, y la nueva producción depende cada vez más de métodos más complejos, intensivos en capital y energéticamente costosos. Substack

El petróleo de esquisto (fracking) en Estados Unidos, por ejemplo, tiene EROEIs en el rango de 5:1 a 8:1, comparado con los 30:1 a 50:1 del petróleo convencional del Oriente Medio. Las arenas petrolíferas canadienses son incluso peores. Esta degradación secular del EROEI de los hidrocarburos es el telón de fondo físico sobre el cual deben leerse todos los fenómenos económicos y políticos contemporáneos.

Esto no significa que los hidrocarburos estén desapareciendo. Por el contrario, la producción global sigue siendo sustancial. Pero sí significa que el excedente energético disponible para sostener el sistema más amplio está bajo presión. Más energía —y más capital— debe ser reinvertida simplemente para mantener los niveles existentes de producción. El margen para la expansión se estrecha. La fragilidad aumenta. Substack

Powell subraya un aspecto filosófico fundamental de esta dinámica: este proceso no necesita ser conscientemente reconocido para ejercer sus efectos. Los rendimientos energéticos declinantes se traducen en presiones económicas y políticas independientemente. Los costos de extracción crecientes aparecen como tendencias inflacionarias. Los márgenes energéticos más ajustados se manifiestan como rentabilidad declinante o mayor dependencia de la expansión crediticia. Las restricciones de oferta emergen como "riesgos" geopolíticos. Substack

Aquí Powell introduce lo que llama "la astucia de la entropía", una brillante variación de la célebre "astucia de la razón" hegeliana. Hegel argumentó que los individuos persiguen sus propios intereses particulares pero involuntariamente realizan un proceso racional más amplio. Los actores responden a estas presiones, pero no controlan su lógica subyacente. El sistema se mueve como un sustrato fundamental en el que la agencia humana está conectada e intrínsecamente embebida. Eso es la naturaleza en acción. Substack No hace falta que ningún político o ejecutivo piense en términos de EROEI o límites termodinámicos. Las presiones materiales se expresan de todas formas, a través de la inflación, la inestabilidad financiera, el conflicto geopolítico.

Esta idea tiene implicaciones políticas profundas. Parte de la impotencia de la política convencional ante los grandes problemas de nuestra época —la inflación energética, la desindustrialización, las guerras por recursos— reside en que esa política opera sobre síntomas monetarios, distributivos o geopolíticos sin tocar la base termodinámica que los genera. Los bancos centrales suben tasas de interés para combatir la inflación producida por la degradación del EROEI hidrocarburífero; reguladores financieros tratan los ciclos de capital ficticio como anomalías morales o de supervisión; los analistas geopolíticos narran guerras en el lenguaje de la estrategia sin percibir la mecánica entrópica que las impulsa.


V. La máquina endógena de crisis: el triple circuito del metabolismo económico

Una de las contribuciones más sistemáticas de Powell es su teoría de cómo las crisis económicas emergen endógenamente —no como shocks externos o errores de política— del propio funcionamiento del metabolismo económico una vez que el EROEI comienza a degradarse.

Powell describe el metabolismo económico como un triple circuito. Primero está el bucle material-energético: la energía es capturada, desplegada, transformada a través de las cadenas de suministro en valores de uso (bienes, servicios, maquinaria, infraestructura, etc.) y disipada en la reproducción y el consumo —es decir, en la validación—. Segundo está el bucle monetario-financiero: el crédito endógeno crea reclamaciones de valor de cambio que movilizan recursos hoy en anticipación de la realización futura del valor de uso. Estos dos circuitos deben permanecer aproximadamente alineados para que el sistema se reproduzca sin rupturas debilitadoras. Un tercer circuito —la información— intersecta los otros dos y en cierta medida los mantiene cohesionados. Substack

La dinámica de crisis se desencadena cuando el primer circuito —el material-energético— comienza a entregar menos excedente por unidad invertida. Cuando el EROEI se degrada —sea por agotamiento geológico, disrupción geopolítica, retardo político de mejoras o lock-in tecnológico— el circuito material entrega menos energía excedente por unidad invertida. La capacidad del sistema para generar nuevos valores de uso se contrae. Sin embargo, el circuito monetario no frena automáticamente. Al contrario, se acelera. 

La expansión de la liquidez y del capital ficticio se convierte en la respuesta "racional" de corto plazo ante las restricciones de validación. Ante el crecimiento real más lento y las restricciones de validación, los agentes (empresas, hogares y Estados) emiten más reclamaciones sobre valor futuro para mantener el circuito girando hoy. La deuda aumenta, los precios de los activos se inflan y los derivados se multiplican. Esto no es exuberancia irracional ni fallo moral; es un movimiento lógico, preservador del sistema, en el corto plazo. 

Pero cada ronda de inyección de liquidez ampliada y aceleración del capital ficticio ensancha la misma brecha que pretende cerrar. El ruido informacional empeora el problema. La información no es gratuita ni inherentemente neguentrópica. Es un artefacto energético. La información viable reduce el tiempo de rotación, mejora la coordinación y eleva el EROEI general. Pero cuando el capital ficticio domina, el entorno informacional se inunda con ruido no viable: narrativas especulativas, ciclos de hype, señales de riesgo mal valoradas y cámaras de eco algorítmicas. Este ruido consume energía mientras degrada activamente la coordinación. 

El resultado es lo que Powell llama el ciclo de retroalimentación endógeno de la crisis: EROEI degradado → crecimiento más lento del excedente real → brecha de liquidez → expansión del capital ficticio → brecha más amplia entre reclamaciones y entrega → más ruido → mayor degradación de la coordinación y el EROEI → crisis más profunda. 

Esta es la razón por la que las crisis parecen a la vez inevitables y sorpresivas. No son aleatorias ni externas. Son el resultado predecible de un sistema que ha sustituido las reclamaciones financieras por la renovación energética. Cuando las reclamaciones ya no pueden ser validadas a través de la transformación real, el circuito se rompe en forma de crashes financieros, picos inflacionarios, rupturas de cadenas de suministro o crisis de reproducción social.

La "fase otoñal" de los ciclos hegemónicos de Arrighi es precisamente este momento: la expansión material cede ante la expansión financiera, el capital ficticio se vuelve dominante, y la brecha entre valor de cambio y valor de uso se amplía hasta que el sistema ya no puede encubrirla. 

Lo que Powell llama "psicosis del capital ficticio" es el estadio avanzado de esta dinámica: un estado en que la expansión de reclamaciones se convierte en un fin en sí mismo, completamente desconectada de cualquier perspectiva realista de validación a través de la transformación real.


VI. China como economía política neguentrópica

La segunda gran parte del libro de Powell aplica el marco termodinámico al análisis comparado de grandes potencias, con China y Estados Unidos como casos centrales y antagónicos. Esta aplicación es al mismo tiempo la más iluminadora y la más controvertida del pensamiento de Powell.

La experiencia del desarrollo chino emerge no como una anomalía o un rompecabezas, sino como una economía política neguentrópica notablemente coherente. La inversión es tratada como el motor autónomo de la demanda, expandiendo la capacidad por delante del consumo y generando crecimiento real de los salarios a través de mercados competitivos y estabilidad de precios. Las cadenas industriales están (conscientemente) diseñadas para la coherencia sistémica y la ampliación del EROEI. Cuando el capital ficticio en el sector inmobiliario amenazó con desbocarse, los reguladores deliberadamente desapalancaron el sector —sin provocar el contagio que paralizó a Occidente en 2008

Para Powell, los rasgos aparentemente misteriosos o paradójicos de la economía china —el alto nivel de inversión, la alta tasa de ahorro doméstico, la capacidad de mantenerse relativamente aislado de las crisis financieras globales, la velocidad de la transición energética hacia las renovables— dejan de ser enigmas cuando se los lee a través del prisma SEV. El supuesto "misterio" del alto ahorro doméstico se disuelve en cuanto se ven los ahorros como el residual de un sistema que entrega estándares de vida materiales crecientes mientras mantiene alta la utilización de la capacidad. 

Desde la perspectiva termodinámica, la transición energética china es quizás su iniciativa más significativa a largo plazo. China ha perseguido una estrategia agresiva de construcción de capacidad renovable, electrificación del transporte y desarrollo de ecosistemas de manufactura avanzada vinculados a la nueva economía energética. Estos esfuerzos pueden entenderse como un intento sistemático de acumular capacidad neguentrópica, para prepararse materialmente para un mundo post-hidrocarburífero. 

La inversión masiva en solar, eólica, vehículos eléctricos, baterías y redes eléctricas inteligentes no es solo una respuesta al cambio climático o a la presión de la opinión pública. Es, desde el punto de vista del SEV, una estrategia de largo plazo para elevar el EROEI del sistema energético chino, reducir la exposición a los mercados volátiles de combustibles fósiles dominados geopolíticamente por otros actores, y construir las cadenas de suministro industriales del próximo ciclo de acumulación.

Powell también interpreta la gestión macroeconómica china a través del SEV. Cuando la inversión expande la capacidad en sectores productivos con alto EROEI, cataliza ingresos crecientes, que a su vez generan ahorro. Un enfoque en circuitos de acumulación dinámicamente viables, en lugar de identidades estáticas de balanza, aclara que lo que importa no es el volumen del ahorro sino la dirección y composición de la inversión, y si aumenta la resiliencia del sistema y el potencial productivo. Substack

Esta es una crítica implícita a los análisis que ven los "desequilibrios" de la economía china —el supuesto exceso de inversión, la insuficiencia del consumo, la "sobrecapacidad"— como patologías que deben ser corregidas para que China se ajuste al modelo occidental. Para Powell, esas críticas reflejan simplemente la aplicación de un marco analítico inadecuado que no puede capturar la lógica termodinámica subyacente del modelo chino.

No obstante, el mismo Powell reconoce que el modelo chino tiene imperfecciones y que la interpretación termoeconómica de China no puede ser idealizadora. La acumulación de capital ficticio en el sector inmobiliario fue durante años una contradicción seria dentro del sistema; la desalineación entre el circuito financiero y el circuito material-energético amenazó en varios momentos con desestabilizar la economía real. La diferencia, argumenta Powell, es que las instituciones chinas pudieron actuar de manera deliberada para desapalancar ese sector cuando los riesgos se hicieron evidentes, mientras que en Occidente los equivalentes —el sector hipotecario subprime, los derivados vinculados a vivienda— se dejaron crecer hasta el colapso de 2008.


VII. Estados Unidos y la entropía acelerada: finanziarización, EROEI declinante y psicosis del capital ficticio

En contraste con China, Estados Unidos muestra los síntomas clásicos de la entropía avanzada. La hiperfinalización ha hecho que la expansión del capital ficticio no sea solo dominante sino sistémicamente requerida. Las reclamaciones sobre valor futuro se han desacoplado de la capacidad material para generar ese valor. Los sistemas energéticos maduros enfrentan EROEI declinante, y sin embargo el lock-in institucional y político frena el cambio hacia alternativas de mayor retorno. 

La narrativa de Powell sobre la economía estadounidense sigue en parte el esquema de Giovanni Arrighi sobre los ciclos hegemónicos del capitalismo. Arrighi argumentó que cada ciclo hegemónico —el genovés, el holandés, el británico, el estadounidense— sigue una progresión desde la expansión material (donde el capital predominantemente se invierte en la producción de bienes reales) hacia la expansión financiera (donde el capital, incapaz de encontrar rendimientos suficientes en la producción real, migra hacia actividades financieras). Powell enriquece este esquema con la dimensión energética. Argumenta que estamos siendo testigos de la fase otoñal de la hegemonía americana, pero con un giro termodinámico. La financialización es la respuesta racional ante las oportunidades productivas saturadas, y sin embargo profundiza las mismas contradicciones que busca postponer. Las inyecciones de liquidez pueden parchear la fragilidad de los balances por un tiempo, pero aceleran la desmaterialización. Sin abordar el sustrato energético, el sistema corre el riesgo de lo que llama "psicosis del capital ficticio" —una condición en que la expansión de reclamaciones se convierte en un fin en sí mismo, desconectada de cualquier perspectiva realista de validación a través de la transformación real. 

La "psicosis del capital ficticio" no es simplemente codicia o irracionalidad individual. Es un estado sistémico emergente en que los mecanismos de retroalimentación que normalmente vincularían las reclamaciones financieras con la realidad productiva se han debilitado o invertido. Los precios de los activos suben porque suben; el crédito se expande porque se expande; las narrativas especulativas se retroalimentan en ciclos de hype que consumen cada vez más energía —computacional, cognitiva, física— sin producir nada que mejore el EROEI sistémico.

El ejemplo más contemporáneo que Powell examina es el boom de la inteligencia artificial. El boom de la IA, con toda su promesa, es energéticamente voraz cuando se examina toda la pila: chips, algoritmos, centros de datos y, sobre todo, electricidad. Cuando se evalúa holísticamente, las ganancias de eficiencia son menos impresionantes que lo que sugieren los titulares, especialmente en comparación con el enfoque más integrado de China hacia la computación, el co-diseño de software-hardware y la electricidad renovable de bajo costo. 

Esta no es una crítica a la IA como tal, sino un análisis termodinámico de las condiciones bajo las cuales se está desarrollando en los distintos sistemas. La IA desarrollada en un contexto de electricidad cara, redes envejecidas e infraestructura fragmentada tiene un perfil de EROEI muy diferente a la IA desarrollada dentro de un sistema energético que está siendo deliberadamente reconfigurado hacia renovables de bajo costo y manufactura integrada de semiconductores.


VIII. El imperialismo termodinámico: guerra, geopolítica y la astucia de la entropía

Uno de los ensayos más recientes de Powell, escrito apenas días antes de la finalización de este texto, lleva el marco termodinámico al análisis de la guerra. El pretexto inmediato es el conflicto con Irán, pero el argumento tiene alcance mucho más general.

Los conflictos geopolíticos son habitualmente narrados en el lenguaje de la estrategia, la ideología o el interés nacional. Las guerras se explican a través de dilemas de seguridad, errores de cálculo o las ambiciones de los líderes. Sin embargo, tales explicaciones, aunque no equivocadas, frecuentemente permanecen en el nivel de las apariencias. Bajo ellas yace una dinámica más fundamental: las condiciones energéticas que hacen posibles las sociedades industriales complejas en primer lugar. 

Powell introduce aquí el concepto de "imperialismo termodinámico": la externalización de las restricciones energéticas a través de la aseguración de recursos, la reestructuración de los flujos globales y, en sus formas más extremas, la coerción y el conflicto. No está necesariamente impulsado por un diseño consciente. Más bien, emerge como el camino de menor resistencia para los sistemas incapaces de reorganizarse internamente plenamente bajo condiciones de estrés. 

El caso de Irán ilustra este mecanismo. Irán posee algunas de las mayores reservas convencionales de hidrocarburos del mundo. Pero su significado no es solo geológico sino también geográfico: situado en el cruce de Eurasia, es un posible nodo en las redes emergentes de energía y comercio continental. Su integración en instituciones como la Organización de Cooperación de Shanghái y los BRICS señala la posibilidad de una alineación más profunda con un sistema económico euroasiático crecientemente centrado en la conectividad de infraestructura y la coordinación industrial. 

Desde el punto de vista termodinámico, la presión persistente sobre Irán puede interpretarse no meramente como una cuestión de política regional o preocupaciones nucleares, sino como parte de un esfuerzo más amplio para moldear la arquitectura de los flujos energéticos en un período de transición sistémica. Powell lleva la analogía filosófica más lejos: no es la "astucia de la razón" hegeliana la que guía la historia, sino la "astucia de la entropía": la presión silenciosa y persistente de las restricciones energéticas que remoldea el comportamiento de los sistemas, a menudo sin su plena conciencia, y a veces con consecuencias violentas. 

Esta perspectiva ofrece una lectura alternativa del orden mundial contemporáneo que es simultáneamente más materialista y más estructural que la mayoría de los análisis geopolíticos convencionales. Los conflictos en torno a recursos energéticos, las sanciones económicas, las guerras por proxy en regiones productoras de petróleo y gas, la competencia por el control de rutas marítimas estratégicas: todos estos fenómenos adquieren una lógica coherente y predecible cuando se los interpreta como expresiones del imperialismo termodinámico de sistemas bajo presión entrópica interna.

La violencia, en este sentido, no es simplemente un fallo de la diplomacia. Puede ser una propiedad emergente de los sistemas bajo tensión termodinámica. 


IX. La cadena de suministro como objeto meso-nivel: entre la macro-dinámica y la transformación energética concreta

Una dimensión del pensamiento de Powell que merece atención especial es su tratamiento de las cadenas de suministro como el objeto analítico meso-nivel que conecta la dinámica macroeconómica con la transformación energética concreta. Este énfasis no es accidental: viene de su experiencia práctica diseñando sistemas de cadenas de suministro habilitadas por blockchain.

Powell muestra cómo los esquemas de producción de Sraffa, la lógica insumo-producto de Leontief y las ondas largas de Kondratiev pueden ser animados por preocupaciones termodinámicas. Las cadenas de suministro se convierten en el objeto meso-nivel que vincula la dinámica macro con la transformación energética concreta. La ganancia es reinterpretada como una reclamación sobre la liquidez del sistema, los salarios como el otro lado de esa liquidez, y el ahorro doméstico como un residual más que como una precondición. 

En el SEV, una cadena de suministro no es simplemente una secuencia de transacciones comerciales. Es un sistema de transformación energética: en cada nodo, los insumos materiales y energéticos son transformados en productos con mayor valor de uso, y esa transformación está mediada por flujos de información y respaldada por flujos financieros. La eficiencia de una cadena de suministro no se mide solo por sus costos monetarios sino por su EROEI: cuánta energía útil es entregada al sistema por cada unidad de energía invertida en mantener esa cadena en funcionamiento.

El SEV reencuadra las cadenas de suministro como sistemas interconectados de flujos físicos, de datos, de energía y financieros. Al tratar cada evento verificado (un envío, una certificación, un hito de procesamiento) como energía económica, el SEV permite que las empresas orquesten operaciones en tiempo real, que los financiadores presten contra el rendimiento en vivo en lugar de los balances históricos, y que los responsables de políticas fomenten el desarrollo regional resiliente e inclusivo. Amazon

Esta perspectiva tiene aplicaciones prácticas directas en el diseño de sistemas de cadenas de suministro. La información de trazabilidad que Powell desarrolló a través de plataformas blockchain no es solo una herramienta de transparencia o de lucha contra el fraude; es desde el punto de vista del SEV una forma de información viable que reduce la entropía sistémica, mejora la coordinación, acelera la rotación del capital y, en última instancia, mejora el EROEI de las cadenas productivas.


X. El precio como mapa energético: inflación, deflación y la política de la transición

Una de las aplicaciones más directamente políticas del SEV es su reinterpretación de los fenómenos de precios. En la economía convencional, la inflación es fundamentalmente un fenómeno monetario —demasiado dinero persiguiendo muy pocos bienes— o un fenómeno de demanda agregada. En el SEV, la inflación es primariamente un síntoma de tensiones en el régimen energético subyacente.

La presente coyuntura no es simplemente otro susto inflacionario cíclico. Es la expresión de un problema termodinámico más profundo. Desde una perspectiva termoeconomía, la vida económica no es una danza abstracta de precios y preferencias sino un proceso de organización del flujo de energía y materiales. La producción, la circulación y la reproducción social cotidiana dependen del acceso a flujos energéticos fiables. 

Powell dialoga explícitamente con la economista Isabella Weber y su concepto de "inflación del vendedor" (seller's inflation), que describe cómo las empresas con poder de mercado en nodos clave de la economía utilizan las disrupciones de costos como dispositivos de coordinación para elevar precios. Reconoce el valor de este diagnóstico pero lo considera incompleto: la inflación del vendedor nombra correctamente un mecanismo importante de propagación del shock bajo el capitalismo concentrado, pero no provee por sí mismo una teoría adecuada de la transición energética. El shock hidrocarburífero upstream no es solo una oportunidad para que las empresas amplíen sus márgenes. Es también una advertencia de que la base energética del sistema existente es cada vez más frágil. El cuello de botella no es meramente la estructura del mercado; es la dependencia de esa estructura de mercado de un metabolismo fósil. 

La consecuencia política de este análisis es que las políticas de "gestión de la crisis" que simplemente amortiguan los picos de precios sin transformar la dependencia energética subyacente son en el mejor de los casos paliativos y en el peor casos aceleradores del problema: políticas que meramente atenúan los picos de precios mientras preservan la dependencia fósil corren el riesgo de volverse conservadoras en el sentido más literal: conservan el viejo orden precisamente en el momento en que se requiere la renovación. 

Cada dólar gastado apuntalando el consumo fósil sin reducir la dependencia fósil es, en términos estratégicos, un dólar gastado preservando el problema. Los subsidios a los combustibles fósiles y los mecanismos de alivio de crisis son frecuentemente defendidos en nombre de la asequibilidad, pero la asequibilidad desvinculada de la transición se convierte rápidamente en una defensa de la inercia. 

En cambio, Powell propone lo que llama un enfoque termoeconomómico de la política energética: redirigir el gasto público hacia la reducción de la distancia entre el viejo régimen energético y el nuevo. En lugar de usar la capacidad fiscal principalmente para contener los costos sociales de los hidrocarburos, los gobiernos deberían usarla para financiar el recambio del stock de capital que hace que los hidrocarburos sean progresivamente menos centrales. Eso significa apoyo público para la infraestructura de electrificación, la capacidad manufacturera doméstica, la resiliencia de la red, el almacenamiento, las redes de carga y la reorganización de las cadenas de suministro industriales alrededor de formas de energía no basadas en la combustión. 

Esta propuesta implica una crítica implícita tanto a la derecha como a la izquierda convencional. La respuesta neoliberal —dejar que los precios del mercado coordinen la transición— es inadecuada porque el mercado no puede internalizar los costos de entropía sistémica ni coordinar la escala de inversión requerida en el horizonte de tiempo disponible. Pero la respuesta socialdemócrata —gestionar la crisis de manera más equitativa a través de controles de precios, reservas estratégicas y subsidios a los consumidores— es igualmente inadecuada porque opera sobre los síntomas monetarios y distributivos sin tocar la base termodinámica del problema.


XI. Las raíces intelectuales del SEV: herencias y conversaciones

El pensamiento de Powell se sitúa en un espacio de convergencia entre múltiples tradiciones intelectuales que raramente han dialogado entre sí de manera sistemática. Identificar esas herencias permite tanto comprender mejor el SEV como situar su originalidad.

De la economía política clásica: Powell recupera la preocupación de Smith, Ricardo y Marx con el valor, el excedente, la producción y la circulación, pero reencuadra esas categorías en términos energéticos. Como Marx, Powell ve la economía como un sistema de relaciones materiales antes que un sistema de preferencias subjetivas. Como Ricardo, le preocupa la dinámica de la distribución del excedente en el largo plazo. Como Sraffa, se interesa en los esquemas de producción y en las condiciones de reproducción del sistema. Los esquemas de producción de Sraffa, la lógica insumo-producto de Leontief y las ondas largas de Kondratiev pueden ser animados por preocupaciones termodinámicas. 

De la economía ecológica: La deuda con Georgescu-Roegen es obvia aunque Powell no la desarrolla explícitamente en los textos disponibles. Georgescu-Roegen fue el primero en argumentar sistemáticamente que la economía es un proceso termodinámico irreversible, y que la entropía impone límites fundamentales al crecimiento económico. Powell lleva ese insight más lejos al integrarlo con una teoría del valor, la money y la crisis.

Del marxismo heterodoxo: La influencia de Giovanni Arrighi es explícita y central para la narrativa histórica de Powell. Los ciclos hegemónicos de Arrighi —la sucesión de potencias hegemónicas desde Génova hasta Estados Unidos, pasando por los Países Bajos y Gran Bretaña, cada una siguiendo un ciclo desde la expansión material hacia la expansión financiera— proveen la arquitectura histórica dentro de la cual Powell inserta su análisis termodinámico.

De la economía post-keynesiana: Steve Keen, cuya frase "el capital sin energía es una estatua; una persona sin energía es un cadáver" Powell cita como cristalización de una intuición que llevaba décadas madurando en su mente, Substack representa la influencia post-keynesiana. La comprensión endógena del dinero, la crítica del modelo del préstamo de fondos prestables, la importancia de la demanda efectiva: todos elementos que Powell integra dentro de su marco termodinámico más amplio.

De la teoría de sistemas: El tratamiento de las economías como sistemas abiertos, dependientes del intercambio con su entorno, es una herencia de la teoría de sistemas generales y de las contribuciones de Ilya Prigogine sobre las estructuras disipativas. Los sistemas complejos lejos del equilibrio pueden mantener orden dinámico importando energía de baja entropía y exportando entropía, pero esa estabilidad es siempre provisional y requiere renovación constante.

De su propia práctica: Quizás la fuente más original del pensamiento de Powell es su propia experiencia práctica. Su trabajo práctico diseñando sistemas blockchain para cadenas de suministro transfronterizas reforzó la intuición. Vio, día tras día, cómo los flujos de transformación material y los flujos de pago son dos caras del mismo circuito, bridados por la información. Reducir el tiempo de rotación, mejorar la simetría informacional, y aceleras la realización del capital. Los esquemas de reproducción de Marx no eran teoría abstracta; eran realidad operacional vivida. 


XII. Críticas y tensiones del marco SEV

Toda teoría ambiciosa genera tensiones internas y críticas externas. El SEV no es la excepción, y Powell mismo reconoce en varios lugares que su libro es exploratorio y propone un programa de investigación antes que una teoría terminada.

Una crítica potente, señalada en una reseña de la edición japonesa del libro, proviene de la tradición de Georges Bataille: el marco termoeconomómico es más sólido donde insiste en anclar la economía política en restricciones materiales y energéticas. Sin embargo, corre el riesgo de identificar mal la naturaleza de la inestabilidad sistémica al tratar la entropía principalmente como un problema de insuficiencia —EROEI declinante, asignación ineficiente, o el desacoplamiento de las reclamaciones financieras de la capacidad productiva real. Desde una perspectiva batailleana, este diagnóstico es incompleto. El problema fundamental no es la escasez sino el exceso. Las sociedades complejas no simplemente luchan por asegurar suficiente energía utilizable; también se confrontan con excedentes persistentes que no pueden ser indefinidamente reinvertidos en el crecimiento productivo. Amazon Japan

Este es un desafío filosófico genuino. Si el problema de las economías capitalistas avanzadas no es solo que no pueden generar suficiente excedente energético sino también que no saben qué hacer con el excedente que generan, entonces el énfasis en la optimización neguentrópica —mejorar eficiencias, elevar el EROEI, alinear las finanzas con la transformación real— solo captura una parte del problema.

Lo que aparece en el modelo termoeconomómico como "psicosis del capital ficticio" puede por lo tanto ser reinterpretado no como un desacoplamiento patológico de la realidad energética, sino como un intento sistémico —aunque distorsionado— de gestionar excedentes que no pueden ser productivamente reintegrados. Amazon Japan

Una segunda tensión en el SEV concierne al riesgo de determinismo. Aunque Powell es explícito en señalar que la dinámica termodinámica no es determinista —las instituciones, las elecciones políticas y la agencia social importan enormemente— el peso analítico del marco recae sobre las condiciones estructurales materiales. Existe el riesgo de que el análisis del EROEI como condicionante de todo lo demás tenga como consecuencia no intencional una lectura de la historia y la política que subvalúe los márgenes reales de elección disponibles para los actores sociales.

Una tercera tensión es geopolítica: la comparación China-Estados Unidos, aunque iluminadora, tiene el riesgo de ser demasiado esquemática. China no es simplemente un éxito neguentrópico sin contradicciones, y Estados Unidos no es simplemente un caso de entropía acelerada sin capacidad de renovación. Las trayectorias de ambas economías son más complejas, más contradictorias y más inciertas que lo que la dicotomía neguentropía/entropía puede capturar.


XIII. El programa político: renovación neguentrópica consciente

¿Cuáles son las consecuencias políticas del pensamiento de Powell? A lo largo de sus escritos emerge un programa coherente, aunque conscientemente provisional.

El principio central es que la política debe operar sobre la base termodinámica del problema, no sobre sus síntomas monetarios, distributivos o geopolíticos. La pregunta más profunda no es cómo distribuir más equitativamente los costos de un shock energético, aunque eso obviamente importa. La pregunta más profunda es cómo recomponer la economía alrededor de una base energética superior. Substack

En términos concretos, esto implica:

Primero, la transición energética como imperativo termodinámico, no solo ambiental. La electrificación, las renovables, las redes inteligentes y el almacenamiento de energía no son solo respuestas al cambio climático sino estrategias de elevación del EROEI sistémico. Una economía electrificada basada en energías renovables de bajo costo tiene potencialmente un EROEI estructural superior a una economía basada en hidrocarburos declinantes. La tarea no es hacer más barata la dependencia fósil. Es descentralizarla. 

Segundo, la política industrial como gestión de la coherencia termodinámica. Las cadenas industriales deben diseñarse deliberadamente para maximizar la eficiencia sistémica, reducir el tiempo de rotación del capital, y mejorar la información que vincula el circuito financiero con el circuito material-energético. Esto requiere planificación estratégica activa, no simplemente señales de mercado.

Tercero, la regulación financiera como gestión del capital ficticio. El capital ficticio es inevitable en un sistema monetario de producción, pero debe ser gestionado de manera que sirva la renovación energética real antes que postponerla. Esto implica no solo la regulación prudencial convencional sino una política deliberada de orientación del crédito hacia inversiones que mejoren el EROEI sistémico.

Cuarto, la gobernanza de la información como política energética. Dado que la información es un artefacto energético cuya viabilidad debe ser evaluada termodinámicamente, los sistemas de información que consumen grandes cantidades de energía para producir ruido —el trading de alta frecuencia, la proliferación de contenidos de redes sociales, ciertas aplicaciones de IA— deben estar sujetos a consideraciones de política energética.

Quinto, la cooperación internacional como alternativa al imperialismo termodinámico. Si el imperialismo termodinámico es la externalización de las presiones entrópicas internas a través del control de recursos y flujos energéticos globales, la alternativa es la construcción de marcos de cooperación que permitan a los distintos sistemas nacionales emprender su propia renovación neguentrópica sin necesidad de externalizar esas presiones hacia otros.

La pregunta central de nuestro tiempo es si las sociedades pueden reconocer estas dinámicas lo suficientemente pronto como para actuar antes de que se expresen; para invertir, reorganizar y cooperar de maneras que reduzcan la necesidad de externalización, o si continuarán respondiendo después del hecho, permitiendo que las presiones termodinámicas se expresen a través del conflicto. Substack


XIV. El interregno y sus implicaciones: vivir en el tiempo de los monstruos

Powell regresa en múltiples ocasiones a la metáfora gramsciana del interregno —ese momento peligroso entre el colapso del viejo orden y el nacimiento del nuevo— para enmarcar su análisis del momento histórico presente. No es un recurso meramente retórico; tiene un contenido analítico preciso dentro del marco termodinámico.

Un interregno termodinámico es un momento en que el régimen energético dominante está en declive pero el nuevo no ha sido aún plenamente construido. La transición desde los hidrocarburos hacia las renovables —y hacia cualquier otro sistema energético de mayor EROEI que pueda emerger— no es un evento puntual sino un proceso que puede tomar décadas. Durante ese proceso, la economía global debe simultáneamente mantener el sistema energético viejo (porque el nuevo no está aún listo para reemplazarlo completamente) e invertir masivamente en el nuevo. Esto crea presiones extraordinarias: de capital, de materiales, de coordinación institucional, de tiempo.

El interregno que habitamos estará definido por quién asegure energía confiable de alto EROEI, quién construya cadenas de suministro resilientes y eficientes en información, quién gobierne la viabilidad de la información en lugar de dejar que se convierta en ruido, y quién gestione la liquidez sin sucumbir al exceso de capital ficticio. El cambio climático, la proliferación de la IA y la reconfiguración del comercio global solo agudizan estas presiones. Los viejos modelos económicos —el pensamiento de equilibrio, la utilidad marginal y el dinero como restricción exógena— no están equipados para este momento. 

Los "monstruos" del título de Powell no son metáforas del mal o de la irracionalidad, sino entidades que emergen precisamente en estos interregnos: movimientos políticos de naturaleza destructiva, formas de capitalismo predatorio que aceleran la extracción de los últimos excedentes antes del colapso, guerras por el control de los últimos recursos de alto EROEI, burbujas financieras masivas que representan la psicosis del capital ficticio en su forma más avanzada, sistemas de desinformación que inundan el espacio público con ruido de alta energía y baja utilidad.

Pero como Gramsci en su prisión, Powell no adopta una postura determinista ni pesimista. Nada de esto es determinista. Las formaciones sociales, las instituciones y las elecciones políticas aún importan enormemente. La renovación neguentrópica siempre es posible. La pregunta es si un régimen de acumulación dado tiene la coherencia, la legitimidad y la capacidad institucional para emprenderla a la escala y velocidad requeridas.


XV. La provocación de la economía de la procedencia: SEV en la práctica

Es importante señalar que el pensamiento de Powell no se limita al análisis teórico o a la crítica de la economía política convencional. Tiene una dimensión fuertemente práctica, expresada en otro de sus libros recientes: The Provenance Economy.

En ese texto, Powell presenta el SEV como un marco operativo para reorganizar las cadenas de suministro globales alrededor de la verificación en tiempo real de eventos físicos. Cada evento verificado (un envío, una certificación, un hito de procesamiento) se trata como energía económica que habilita a las empresas a orquestar operaciones en tiempo real, a los financiadores a prestar contra el rendimiento en vivo en lugar de los balances históricos, y a los responsables de políticas a fomentar el desarrollo regional resiliente e inclusivo. Amazon

Esta aplicación práctica del SEV a los sistemas de cadenas de suministro es quizás la contribución más innovadora de Powell en términos de diseño de sistemas. La idea de que la información de procedencia —la historia verificable de los orígenes y transformaciones de un bien a través de su cadena de suministro— puede funcionar como "energía económica" que desbloquea financiamiento, mercados y crecimiento inclusivo, conecta directamente con el análisis teórico del SEV.

Si la información viable es aquella cuyo EROEI-u supera a su EROEI-p —aquella que desbloquea más valor de uso del que cuesta en energía producirla— entonces los sistemas de procedencia verificada son exactamente ese tipo de información viable: reducen la asimetría informativa, disminuyen el riesgo para los financiadores, aceleran la rotación del capital y generan señales de precios más precisas que reflejan mejor la realidad material del proceso productivo.


XVI. Conclusión: la termoeconomía como programa de investigación y como brújula política

El pensamiento de Warwick Powell representa una de las contribuciones teóricas más ambiciosas y originales a la economía política heterodoxa de las últimas décadas. Su mérito principal es haber construido un puente sistemático entre la ciencia termodinámica y la teoría del valor, la teoría del dinero, el análisis de las cadenas de suministro, la historia económica y el análisis geopolítico —todo ello dentro de un marco conceptual coherente y aplicable tanto al análisis teórico como a la política práctica.

El SEV no es una teoría acabada. Powell mismo lo reconoce cuando describe el libro como "un puente de avance hacia un programa de investigación" más que como una teoría completa. Las tensiones que hemos señalado —con la tradición batailleana sobre el excedente, con los límites del determinismo estructural, con la simplificación del contraste China-Estados Unidos— son invitaciones a profundizar el programa antes que objeciones que lo invalidan.

Lo que sí está claramente establecido es la propuesta central: que los viejos modelos económicos —el pensamiento de equilibrio, la utilidad marginal y el dinero como restricción exógena— no están equipados para este momento. La termoeconomía reconecta la economía política con la realidad material y nos da un lenguaje para discutir lo que realmente está en juego. 

En última instancia, el pensamiento de Powell puede ser leído como una elaborada versión contemporánea de una verdad muy antigua. Al final, toda sociedad funcional enfrenta el mismo requerimiento ancestral: comida para las personas y combustible para las máquinas. Todo lo demás —finanzas, tecnología y geopolítica— debe servir a ese imperativo metabólico o eventualmente fracasar. 

En un mundo donde los "monstruos" del interregno proliferan —guerras de recursos, psicosis financiera, desinformación masiva, autoritarismo emergente— la termoeconomía de Powell ofrece algo valioso: no la reconfortante ilusión de un orden equilibrado que solo necesita ser gestionado con mejores instrumentos, sino la lucidez sobre las fuerzas materiales profundas que están reconfigurando el poder global, y la convicción de que entender esas fuerzas es la condición necesaria, aunque no suficiente, para actuar sobre ellas.

Los monstruos son reales. Pero, como insiste Powell siguiendo a Gramsci, no son invencibles. Comprender las bases energéticas de nuestro mundo es el primer paso necesario hacia la renovación consciente.


Este ensayo está basado principalmente en Thermoeconomics in a Time of Monsters (2026) y en los ensayos publicados por Warwick Powell en su Substack durante marzo de 2026, incluyendo "Why I Wrote Thermoeconomics in a Time of Monsters", "The Endogenous Crisis Machine", "War, Energy and the Cunning of Entropy" y "We Need More Than Price Controls".

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