El Germen Irreversible: La Ontología Temporal de Sismondi antes de 1797


Introducción: La Paradoja del Precursor 

La historiografía tradicional sitúa la ruptura intelectual de Jean Charles Léonard de Sismondi con el liberalismo económico clásico en su madurez, hacia 1815-1819. Según esta lectura, el autor de Nuevos Principios de Economía Política (1819) habría evolucionado desde un inicial entusiasmo smithiano, evidenciado en su obra juvenil De la riqueza comercial (1803), hacia un pesimismo histórico fruto del estudio de las crisis y la desigualdad. Este ensayo desafía esa narrativa lineal. Sostiene que el manuscrito inédito de 1796-1797, Recherches sur les constitutions des peuples libres, revela una ontología social madura y coherente basada en la irreversibilidad de los procesos históricos y la centralidad constitutiva del tiempo, que inoculó desde el inicio su pensamiento y prefiguró toda su crítica posterior. Lejos de un giro tardío, su evolución fue el despliegue de un germen filosófico plantado en su juventud.


I. El Contexto Intelectual: Más Allá del Mecanicismo 

Para comprender la originalidad del joven Sismondi, debemos situarlo en el zeitgeist científico de finales del siglo XVIII, dominado por la metáfora newtoniana. La visión del universo—y por extensión, de la sociedad—como una máquina regida por leyes eternas, reversibles y armónicas era hegemónica. Sin embargo, en los márgenes de este paradigma, surgían intuiciones disruptivas. La más crucial para Sismondi fue la del físico ginebrino Pierre Prevost. Prevost desarrollaba su teoría del calor no como un fluido sustancial (el “calórico”) que fluye pasivamente, sino como el resultado de un intercambio dinámico, constante y recíproco entre los cuerpos. Esta visión “dialógica” de la termodinámica incipiente contrastaba radicalmente con el modelo mecanicista. El joven Sismondi absorbió esta metáfora. La aplicó al cuerpo político: la constitución no podía ser una máquina de relojería, sino un organismo vivo cuya salud dependía de la calidad de un intercambio deliberativo permanente—el calor social de la conversación pública. Esta es la primera piedra de su ontología: los sistemas sociales son procesos, no artefactos.


II. La Ontología del Tiempo Constitucional: Sismondi frente a Lasalle 

En las Recherches, Sismondi no busca una constitución ideal atemporal. Al contrario, su objeto de estudio son los procesos constitucionales singulares. Aquí emerge su concepto clave: la irreversibilidad. Para Sismondi, una decisión constitucional es un evento que modifica irreversiblemente la trayectoria del sistema. El tiempo es una variable ontológica que cristaliza experiencias colectivas. Esta visión contrasta de manera fundamental con la teoría constitucional posterior, y en particular con la de Ferdinand Lassalle. En su famosa conferencia ¿Qué es una constitución? (1862), Lassalle define la constitución real como la "suma de los factores reales de poder" que rigen en una sociedad. Es una visión estática, fotográfica y esencialmente mecanicista: la constitución escrita solo es válida si refleja fielmente ese balance de fuerzas fáctico en un momento dado. Para Lassalle, el cambio constitucional es solo un reajuste cuando cambia la correlación de fuerzas. Sismondi, un siglo antes, veía justo lo opuesto: la constitución no es la suma estática de fuerzas, sino el campo dinámico de su interacción dialógica en el tiempo. No es un reflejo, sino un proceso de negociación permanente cuyo historial—su irreversibilidad—es lo que le da forma y significado. Lassalle reduce la política a la estática; Sismondi la eleva a la dinámica histórica.


III. Sismondi, el "Primer Prigogine": Actitud frente a la Irreversibilidad 

Aquí radica su mayor genialidad y por qué puede llamársele, con precisión, el primer Prigogine de las ciencias sociales. No se trata simplemente de que reconociera la irreversibilidad antes que otros; muchos lo hicieron. La clave está en su actitud epistemológica y moral frente a ella. Comparemos con su contemporáneo Lazare Carnot (padre). Carnot, en su Essai sur les machines en général (1783), también identificó la irreversibilidad: la fricción, los choques inelásticos, la disipación de energía. Pero para él, el ingeniero, la irreversibilidad era sinónimo de imperfección, pérdida e ineficiencia. Era un problema a minimizar en el diseño de máquinas ideales y reversibles. Sismondi da un vuelco total a este paradigma. Para él, la irreversibilidad no es una falla de un sistema social, sino su condición de posibilidad, su modo de ser histórico. La memoria institucional, el aprendizaje colectivo, la tradición jurídica, la misma identidad de un pueblo, son productos de esa irreversibilidad. Donde Carnot veía una máquina imperfecta, Sismondi veía un organismo con biografía. Esta actitud es prigoginiana avant la lettre: Ilya Prigogine, en el siglo XX, demostró que lejos de ser una simple fuente de desorden, los procesos irreversibles en sistemas alejados del equilibrio son fuente de autoorganización, complejidad y novedad. Sismondi intuyó que la libertad política no reside en un equilibrio perfecto, sino en la gestión creativa y deliberativa de un proceso histórico irreversible.


IV. Despliegue, No Conversión: Del Manuscrito a la Madurez 

La publicación de De la riqueza comercial (1803) y su elogio a Smith no contradicen esta tesis; la matizan. Sismondi aplica su ontología procesual a un objeto que aún no percibe como patológico. Es un historiador económico, no aún un crítico del sistema. El cambio de 1815-1819 no es una conversión, sino el despliegue y aplicación de su núcleo ontológico a un nuevo fenómeno: las crisis industriales. Cuando cuestiona la armonía de los mercados, lo hace con el lenguaje del historiador que ve trayectorias irreversibles: el exceso de producción deja una estela de quiebras que altera permanentemente el tejido social. En Nuevos Principios (1819), su noción del “desequilibrio crónico” es una tendencia estructural e irreversible, análoga a la deriva de Roma hacia el imperio. La solución que propone—reformas, asociación—es un intento de reabrir el diálogo político (el intercambio prevostiano) para rescatar, mediante la conciencia histórica, un margen de libertad dentro del proceso irreversible.


Conclusión: Sismondi, Pensador de la Complejidad Histórica 

La obra de Sismondi constituye un puente único. Antes de 1797, había ya articulado una ontología social que rechazaba el mecanicismo en favor de una visión procesual, irreversible y temporal de la vida colectiva. Su actitud ante la irreversibilidad—no como falla a corregir (Carnot), sino como matriz de la historia y la identidad—lo hermana con Prigogine y lo opone tanto al liberalismo mecánico de su época como al realismo estático de Lassalle. Fue un pionero del pensamiento complejo, para el cual el tiempo no es el escenario, sino el argumento mismo de lo social.

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